Por el silencio
que la palabra no puede callar
Por el quejido verde de los bosques
secuestrados por el relámpago de la moneda
Por el dolor de la tierra
cansada de encina y harta de dioses falsos
Por el grito de los peces
las lágrimas del mar
Por el hambre voraz de los antipolígonos
alianzados con el chacal y sus siete cabezas
Por el vórtice de la palabra de donde nada escapa
ni siquiera las aristas del pez
tampoco la luz
ni la rosa
ni la forma
Por teorías que yacen varadas en las playas del sueño
Por estar al reposo de cristales atravesados
desnudo bajo el sol del invierno
cual fiera culta y poderosa que baila sedienta en el carnaval de los ecos turbios
cual Orfeo despedazado por las ménades del oro
ardiente y gélido
catalogado en porcentajes de espuma
en cuya transparencia oxidada
muere y renace la más dulce claridad
Por las palabras que palpitan en la arena
!Oh bosques! ¡Oh cielos! ¡Oh sueños destilados!
He dejado de ser posmoderno
1
Son las brasas del tiempo
Es el lenguaje que me tuerce el brazo
y me obliga a tejer versos
antes que los tigres hagan de mí un coro de azafrán
o de sonrisas que las espigas de la luna
no puedan interpretar en sus clavicordios de estuco
2
Es mi identidad de agua que solfea por el volumen seco de los azulejos
Eres tú con tu maquillaje de gigante roja
y el cabello suelto al universo
cantando en medio de los rombos del crepúsculo negro
Es ella
él
ello
y yo
Somos nosotros en los infiernos diarios
en los baños y en los mercados
Es el golpe de ciruelas submarinas talladas en una fotografía que cuelga del espejo
la cascada salvaje
el fotón que empaña los vidrios
cuerpos tirados por el techo buscando vino azul
en el ojo del cíclope
una serie de botellas vacías y de juguetes rotos
una sucesión de corazones oxidados
la basura que yace en el tacho hace varios días
Somos los cabellos tirados por el piso que nadie se atreve a barrer
3
Es la vorágine de la parábola
en que el metal del polvo y de la voz
se funden en un chorro de materia eyectada
Es el iris que abre la noche del saqueo
la caza del ser
la ontogenia y la filogenia
los asteriscos de luz
los pulsares diarios
los fuegos artificiales que iluminan el vacío
4
Es la hora de las pirámides y del té
de los polígonos y ecuaciones
el pequeño infinito donde tiemblan las raíces
cada vez que el agua toca su cuerda angular
y a cada pálpito del rectángulo
de la música que germina cuando el viento
lame las esquinas de la materia
de los espacios afeitados por el cantar del vacío
donde la cama recién saqueada por lo inmóvil e idéntico
donde la constante sucesión púrpura de la antimateria
gen por gen
desflorecida
quemada
hecha de un sueño ceniza
Es por aquel desorden de las formas
súbitamente
como un cabello entre dos cuásares
algo que titila
besa
muerde
y desaparece
por la claridad
reflejo de la nieve pasajera
5
Son los pasos de la tarde que dejan un aura de oro
Es la luz lúcuma
repetida hasta su fin y su principio
que escribe en el brillo de los automóviles aparcados en las calles
Es el susurro de las palabras que aún palpitan en la arena
6
Son las lámparas que se apagarán pronto
entre duraznos grisáceos y ríos que el tráfico destruye
Son las plegarias de los excomulgados que cuelgan de techos
Son los nuevos bebederos de la sangre que colman las rutas de los príncipes
Es la libertad
--diadema de cuervos--
Somos los condenados quienes nos menospreciamos uno al otro jugando al eterno juego de los ángeles sin rostro
Es el amor que ya no sirve como excusa para combatir el chirrido del asfalto
7
Son los ojos del tiempo que beben el vino que sangra de las rocas
Es mi boca que esculpe los sabores de la memoria
Es la memoria
la junkie en la misma esquina de siempre
trasnochada
con ojeras rotas hasta los tobillos
Es el amanecer en los jardines colgantes del insomnio
8
Es el espacio abierto
el espacio cerrado
la tierra o no tierra
los márgenes sin aristas
Son las preguntas
y la falta de respuestas
Es la página de arpegios que no se puede resumir
un gorrión que canta las mentiras de los postulados
Son los postulados de mi piel infectada por la ficción
de otra ficción
9
Es la tarde
los sueños que duermen
la poesía que yace tirada en medio de nuestra muerte
y de la suya
la verdad en las paredes
las medidas del agua
la transparencia que quiere ser verdad
y solo es sombra
Son los versos que pasan corriendo por el piso
los cuervos que quieren atraparlo
y solo encuentran su semen
10
Son los peces de otros lagos
que caen sobre mi sombra
sus dientes azules y
sus anillos de trenes
Son los mísiles que compra la paz con millones de
muertos
Es la espalda que duele debido a esta posición
de piedra bipolar
11
Es la luna que pasa atando cabos y grita
¡Sálvate antes que seas experiencia!
Las formas que van convirtiéndose en otras formas
una por una
12
Es el silencio fósil del principio mordiendo las paredes
la mano que ulula desde nunca y desde siempre
la misma balada descuartizada
los cantaros resquebrajados por la luz de la luna
los ratones que esgriman por el techo
el piano y el saxofón que fermentan las aristas
gastadas del crepúsculo muerto
Es la nieve que también juega a ser muerte
y se detiene en el viento a contemplar a sus victimas
Es el hielo de las contemplaciones que se ha asociado a
ella
13
Son los cuervos que se recrean en el comienzo de la angustia
14
Es la ópera en el sonido de la lluvia
y el viento que modula su tacto
Es el mar que se ha perdido por la escarcha de enero
y la inmortalidad ha sabido morder su cuello
mientras adormece la hierba
Son los ríos de sal que como águilas muerden las
corrientes sangrientas de la hojarasca
15
Es el sentimiento que crea
la fuerza que también destruye
Son las palabras que embelezan el monstruo
y no el cabello del iris
Es el canto perdido de un retrato
la alondra del recuerdo me lo ha dicho
Vancouver
ciudad de las luces
1960
16
Es la palabra que se pregunta
si es cierta esta palabra o esta mano
la sombra de esta sombra
el redentor estrellado desde los fulcros del olivo
Es la astilla negra que empaña los vidrios calcinados
por la humedad candente de lo desconocido e
inventado
las figuras
las formas
las praderas
Son las estructuras que juegan a ser día y a ser noche
nuestras huellas
nuestros sueños cubiertos por sucesivos arcos repetidos
hasta el infinito
Son los volúmenes
las amplitudes vacías donde vórtices trillonarios comen
azucenas etéreas en los jardines de la incertidumbre
Es la náusea
la colisión
la polvareda
las mareas
la fiebre de la tierra
el oxígeno canceroso
17
Son las tormentas de tálamos que se repiten
una y otra vez
una y otra vez
sin ninguna fórmula precisa
sólo siendo polvo
huesos
universos rotos por las calles amorfas de una
y miles de ciudades todas iguales
y sin nombre
18
Son los lagos llenos de máquinas usadas
olvidadas hasta por el olvido
Son las madres en las calles pidiendo algo de comida
para sus hijos
parábolas de una vagabunda azul en la vereda de una guardería estelar mendigando pan para sus estrellas
el hambre del azogue
el silencio columpiándose a orillas de la paciencia amenazando con tirarse al vacío
la indiferencia que se encierra en un seudónimo
las lágrimas de un árbol de donde cuelgan copos de luz que nadie quiere pronunciar
más fotografías
más espejos rotos,
la soledad que nos mira como un animal
que no necesita más de nosotros
Es la sangre que grita consagrada a la fiesta de las flautas y de los chacales
Son los dioses y demonios que han resucitado
el silencio de la tinta que alguien derramó
19
Es la muerte que se expande bajo su capa tecnológica
rota de evidencias
Son las cavilaciones del chacal
sus apariencias calculadas
estudiadas
simuladas
practicadas
ejecutadas
Son las vueltas del satélite
la transmisión en vivo y directo de la muerte
el bufón rebelde destrozado por el esperma de la codicia
20
Es el secoya de cinco décadas que muere asesinado por las manos del comercio
21
Es el saber absoluto que ignora su origen
el polvo de las cortinas
el aire muerto del estío
Son los arcos de la humedad catatónica
donde va y viene el boomerang del desconocimiento
y del silencio
Es el silencio de la palabra y de la música
los héroes ausentes de la empatía
los besos que caminan solos
los flores enfermas que cierran los ojos al ocaso
22
Es el deseo que se mira en un espejo
el mundo idiotizado en el gran teatro de lo falso
los parques entregados a los anuncios publicitarios
y las máquinas de soda
Son los mismos comerciales de siempre
que comen nuestra calma
y nuestro espacio
23
Es la lentitud de esta pluma
los nimbos que se entretienen tocando los dedos del viento
Es la medianoche de la civilización
las aves que duermen
las ilusiones que sueñan despiertas
Es el coche salido de la nada
que corre por las calles ebrias de soledumbre
Son los arces
el insomnio que se prolonga esbelto y bello
Son las preocupaciones de intelecto
la luna mordida que se devora a sí misma desde su muerte
Es el nuevo medioevo
24
Es el niño que pide al universo una lluvia de estrellas fugaces
pero la noche se lo niega
Es la nieve que toca las preguntas de la hojarasca
y en su vientre encuentra las respuestas del polvo
Por estos mis cabellos sucios que quieren escapar de los caminos de la sombra
las palabras que se enredan en mis hombros
Por mis manos que ya no son necesarias para hablar con los espectros
Por las rosas de mis bolsillos que han caído bajo el hechizo de la máquina
Por la claridad
dialecto de poetas que buscan refugio entre la hierba
Es por el día y la noche
por las nubes que ya no quieren cantar porque tienen la garganta enferma
Por los dioses de la esperanza y del cambio
Es por todo eso que me embarco
en este poema que me lleva
hacia el movimiento eterno
hacia lo desconocido
25
© Carlos Antonio Pajuelo
pensativo@hotmail.com
Impreso en Vancouver, Canadá
12 de enero del 2009
Imprenta de
The Benedictine Monks of Main Street
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Thursday, January 15, 2009
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